divendres, 18 d’abril de 2008

Un garriguense en el fin del mundo

Mossèn Jordi Mas oficia misa cada día a las seis de la mañana en la pequeña misión católica de Makary (Camerún). A veces acuden 2 ó 3 fieles, a veces está solo. No le importa. Para este arriguense, Premio de Cooperación el 2007 del Consell Comarcal del Vallès Oriental, es el comienzo inalterable de una larga jornada en una zona que los cameruneses denominan el “bout du monde” (el fin del mundo). En pleno corazón del Sahel, una llanura polvorienta e inacabable a medio camino entre el desierto del Sáhara y la sabana, donde lascondiciones de vida no son nada fáciles, Mas, ha hecho florecer, una serie de proyectos de cooperación que sorprenden por su ambición y envergadura. A sus 78 años, hace gala de una lucidez y una vitalidad extraordinarias y sigue controlando, detalle a detalle, el funcionamiento de una obra que se hace cada día mayor.
INAUGURACION DEL FEMAK
La misión de Makary, un reducto de paredes de ladrillo pintadas de blanco en una ciudad de muros de barro, se llena de actividad desde primeras horas de la mañana. Mucho más si, como sucedió la pasada semana, se debían arreglar los últimos detalles del Femak Vallès, la residencia para las instructoras de los talleres que se ha costeado parcialmente con aportaciones del Consell Comarcal del Vallès Oriental y que diseñó el arquitecto de La Garriga, Lluís Cuspinera. El pasado viernes, día 11 de abril, aprovechando la presencia de una delegación vallesana encabezada por el presidente comarcal y alcalde de La Llagosta, Antonio Rísquez, se inauguraron las nuevas dependencias. La inauguración fue un pequeño acontecimiento al que acudieron las autoridades locales encabezadas por el subprefecto además de las mujeres del grupo Femak (Femmes de Makary) que gestiona los talleres de costura, agricultura, cocina, alfabetización, economía doméstica… La Femak es la joya de la corona de las actividades de la misión de Makary. La presidenta del taller de costura, una joven de religión musulmana, igual que el 98% de los habitantes de Makary, explicó la importancia que tiene para las mujeres de la zona el poder participar en los talleres, donde se les enseña a coser. “Nos permite aportar una ayuda a nuestras familias”, dijo. El subprefecto Sadou Daoudou, agradeció la labor del “Pere George” (padre Jordi) en el ámbito de la promoción de la mujer y manifiestó el deseo de que el proyecto permita el desarrollo de la zona si “las alumnas de hoy se convierten en las formadoras del mañana”. También manifiestó a los representantes de “la región del Vallès” su esperanza de que “hayan comprendido la importancia de su colaboración y de las necesidades que tenemos en Makary”. Antonio Rísquez, asintió. La inauguración se realizó como culminación a cuatro días de recorrido por la región del extremo norte para comprobar in situ algunas de las obras puestas en marcha por Jordi Mas. Muchas de ellas con colaboraciones de particulares o entes públicos o privados de nuestra comarca. En su discurso, Risquez elogió de forma sentida la figura y la obra de garriguense y se manifestó favorable a mantener relaciones con el pueblo de Makary y dar continuidad a la colaboración iniciada el año pasado a partir de la concesión a éste del premio de Cooperación Internacional, dotado con 12.000 euros. “Este viaje servirá para profundizar en nuestras relaciones con el pueblo de Makary”, aseguró el presidente del Consell Comarcal.
UNA OBRA ENORME
La misión de Makary es sólo una pequeña parte de la enorme obra realizada por Jordi Mas a lo largo de los 45 años que lleva en el Camerún, la mayoría de ellos en la región del Extremo norte. Desde Makary, Mas gestiona directamente las poblaciones de Fotokol, Hile Alifa y Darak. La mitad de las que forman parte de la parroquia de Makary-Blangoua que dirige conjuntamente con otro sacerdote catalán, Moceen Francesc Pausas.

En Hile Alifa, una de las poblaciones controladas desde Makary, se ha levantado una sala polivalente – tanto sirve de iglesia como de escuela o centro de reuniones-, se ha construido un pozo y se ha plantado un campo de árboles frutales que, para evitar que sean víctimas de la voracidad de las cabras, se protegen con la primera valla eléctrica de la región. En Hile Alifa, un poblado de casas con tejados de paja que guardan del inclemente sol a personas y animales, Mas ha puesto en práctica su teoría de que la cooperación es más efectiva si existe corresponsabilización por parte de los que la reciben. En este caso, los habitantes de esta población, separada de Makary por media hora de caminos polvorientos en la estación seca y fangales en la de las lluvias, se comprometieron a que los árboles, recién plantados, serían debidamente regados. El día de la visita a los retoños, Mas estuvo contento en ver como las gentes del lugar habían cumplido con su palabra. La sala de Hile Alifa, proyectada también por Lluís Cuspinera, quien también se encargó de buscar buena parte del dinero para financiarla, contó con la colaboración, entre otros, de los ayuntamientos de L´Ametlla del Vallès, Cardedeu y Parets. Actualmente, también con la ayuda de estos ayuntamientos, se está construyendo otra sala polivalente en la isla de Darak.

La isla de Darak está en el interior del lago Chad, una inmensa masa de agua dulce que alimenta un vergel en medio de ese secarral que es el norte del Camerún en la época seca. Jordi Mas, viaja a Darak una vez al mes para decir misa en una pequeña construcción de chapa metálica. Para ello tiene que realizar un largo camino en todo terreno por una ruta infecta hasta Blangoua y, desde allí, recorrer el lago en barca a lo largo de hora y media mas.

En la cercana isla de Kofia, otra porción de tierra surgida hace unos años del lago a consecuencia del acelerado proceso de desecación que experimenta, ya funciona una sala polivalente similar. En ambos casos, según explican con orgullo los responsables locales, estas instalaciones dan cobijo a pequeñas comunidades cristianas integradas por personas de diferentes etnias y que hablan diferentes lenguas. La isla de Kofia es responsabilidad de “sisco” Pausas, que vive en la misión de Blangoua, a media hora en barca. Blangoua, que cuenta con un mercado que recibe el pescado que es la base económica de los habitantes de la zona del lago Chad, está hermanada con el municipio de Santa Eulàlia de Ronçana. El Ayuntamiento de la población vallesana, que dedica un 1% a cooperación, se ha comprometido a poner los medios para construir un puente que permitirá, en la época de lluvias, acceder a la población, sin necesidad de recurrir a las piraguas.

La misión de Blangoua fue fundada ya hace unos años por Jordi Mas y lo que empezó como un grupo de cuatro contenedores de mercancías adaptados para vivienda, es hoy un centro educativo de referencia en toda la región. Junto a la misión, hoy ya convertida en un sólido edificio, se ha levantado una escuela en la que más de ochocientos niños cursan clases de primaria, secundaria y formación profesional. Esta última actividad, que cuenta con unos 40 alumnos en diferentes talleres de mecánica, ebanistería, soldadura o albañilería, cuenta con la ayuda permanente de la asociación 100% Camerún de Mollet del Vallès, próxima a la parroquia de Sant Vicenç. La puesta en marcha de esta escuela, de hecho, fue dirigida por Miquel Àngel Pérez, antiguo vicario de Mollet, que estuvo varios años en la zona y actualmente presta su servicio en Santa Coloma de Gramenet. En el proyecto de Blangoua también ha colaborado la escuela Sant Gervasi, de Mollet. Junto a las instalaciones escolares y los talleres de prácticas se ha construido una residencia de estudiantes que se ha levantado gracias a las aportaciones de Mans Unides del Vallès oriental, la Unió de Botiguers de Cardedeu y la artista de esta localidad, Eva Arrizabalaga. De hecho en la sala principal de la residencia está colgada la litografia original titulada “pastera” creada y vendida para impulsar este proyecto.
COOPERANTES ANTES QUE NADIE
“Cuando abrimos un pozo no pensamos en la religión de los que van a beber, sino en si tienen sed”, explica Jordi Mas. Y lleva más de 100 construidos en una región en que la aparente aridez de la superficie oculta unas enormes reservas hídricas. Esta es una de sus prioridades de desarrollo – el que se beba agua limpia en lugar de la infecta procedente de las charcas pluviales- junto a la educación, la sanidad, la promoción de la mujer y la defensa del medio ambiente. Esto de hacer las cosas sin mirar a quien benefician, también forma parte de la filosofía general que guía su quehacer diario: el servir a la comunidad, “dando testimonio de buena vecindad y creando relaciones de amistad con todos”, especialmente con la comunidad mayoritaria, la musulmana. “Cuando llegué al Camerún traía sólo un brevario y el derecho canónico, luego vi que eso no era lo primero que se necesitaba, sino ayuda para el desarrollo”, recuerda. Eso sucedió en la década de los 60. En todo estos años, explica, “nunca he convertido a un musulmán”. Incluso se pasó 17 años sin bautizar a nadie. Ahora, la actividad de las misiones, roto el recelo inicial, se contempla detrás de su enorme esfuerzo social con normalidad. El “Pere Mas” es respetado incluso por los más recalcitrantes musulmanes de la región y por los dirigentes de las étnias, como el Sultán kotokó.
EL HOSPITAL DE MADA
Antes de poner en marcha la parroquia de Makary-Blangoua, y todas sus ramificaciones, Jordi Mas estuvo dos décadas vinculado al mundo de la atención sanitaria. En su haber cuenta con haber participado en la fundación y crecimiento del Hospital de Mada, población situada muy cerca de Makary, y que actualmente, con sus 120 camas, es una referencia sanitaria a más de un centenar de quilómetros a la redonda. Sus pacientes, acuden incluso desde los vecinos Chad y Nigeria. La mayoría están acompañados por familiares que, con todos sus enseres, montan campamentos en los patios. Actualmente el hospital es gestionado por una Fundación helvética, pero médicos y enfermeras atienden al sacerdote con toda la familiaridad del mundo. “Mon Pere” (mi padre) lo llama respetuosamente un joven oftalmólogo que ejerce su profesión en este rincón perdido. Es un caso singular ya que trabaja lejos de su familia. En Mada no hay las escuelas necesarias para sus hijos. ¿Por qué este sacrificio?, le preguntamos. Por agradecimiento a Jordi Mas y al Hospital. Explica que la ayuda de ambos fue lo que le permitió cursar unos estudios que le estaban vetados a su condición de chico pobre.
Reportatge de Jordi Abayá publicat a Revista del Vallès (18/4/08)