divendres, 19 de novembre de 2010

Un pastor de hombres

Jordi Mas i Castells, misionero en Camerún y “persona ilustre” de La Garriga falleció este jueves de madrugada en el Hospital de la Santa Creu de Vic. Tenía 80 años y hasta hace bien poco había desarrollado una titánica labor solidaria con los habitantes de la depauperada región del extremo norte del Camerún. Al llegarme la noticia de su muerte, me viene a la memoria el viaje que organizó el Consell Comarcal en 2008 para conocer su labor inmensa y por la cual le habían concedido la primera edición del Premio de Cooperación Internacional del Vallès Oriental. La visita incluyó el Hospital de Mada, un centro sanitario de 120 habitaciones que era un muy buen ejemplo de lo que había dado de sí su trayectoria misionera. Tras mostrarnos la realidad de un hospital en el corazón de África, el sacerdote vallesano nos enseñó, en la parte trasera, la tumba del médico suizo Giorgio Maggi que había colaborado con él en poner en marcha la instalación. Allí, al pie de aquella lápida enorme, un lugar bien cuidado en el caos polvoriento de esta zona del mundo, pensé que el día que falleciera el misionero querría ser enterrado de la misma manera. Debe de ser bonito, reflexioné, que alguien rinda homenaje a lo que hiciste en vida cuidando de tus pobres huesos. A Jordi Mas cuarenta años de trabajo misionero le habían dado tiempo para hacer muchas cosas, para ayudar a mucha gente, para ganarse un profundo respeto de todos los habitantes de una región de mayoría musulmana. Por curiosidad se lo pregunté y me sorprendió saber que él, muy consciente de que su tiempo sobre la tierra se agotaba, no tenía la misma visión de su futuro. Jordi Mas no quería, en ningún caso, ser una molestia y tenía claro que el día que no pudiera trabajar en sus proyectos, volvería con su familia a La Garriga. Así de simple. No le preocupaba ni lo que la posterioridad diría de él ni cual sería su epitafio. A Jordi Mas lo que le preocupaba era lo que pasaría con todos sus proyectos y quién o quiénes les darían continuidad. Eran realmente muchos: la misión e iglesia de Makary – con la comunidad católica más alegre que he visto en mi vida-, los talleres para mujeres, la misión y escuela de Blangoua, la construcción de pozos…. Los premios que recibió en los últimos años de su vida, el del Consell Comarcal, el Josep Parera de Caixa Penedès, los destinaba a continuar esta obra. Con los 11.000 euros del Consell construyó una residencia, bautizada como “Vallès” para que pudieran vivir las instructoras de los talleres para mujeres. Jordi Mas, sacerdote católico, creía en las mujeres y en que su papel será decisivo para que África sea algún día un lugar digno. El Josep Parera lo empleó para un proyecto de cultivo del alga espirulina, para mejorar la dieta de la población del norte del Camerún. Jordi Mas, el misionero, era una mente inquieta, que pensaba que la ciencia, el saber, podía ayudar a mejorar la situación de los más desfavorecidos.

Hace menos de una semana, ya enfermo e ingresado en el Hospital de Vic, el Obispo de su diócesis camerunesa le comunicó que una organización italiana se había comprometido a gestionar todo lo que él dejaba. Jordi Mas, un auténtico pastor de hombres, se preocupó de su rebaño hasta el último suspiro.

Jordi Abayà, periodista
Publicat a Revista del Vallès (19/11/2010)